Eso si lo recuerdo bien. Estábamos los dos, Gonzalo y yo. En principio veníamos caminando por un camino típico de Entre Ríos, llegando a un arroyo típico de Entre Ríos, en una típica tarde entrerriana. Al borde del camino había colas de zorro, estas plantas que tienen una flor como algodonada, de un color claro, casi blanco. Camino de tierra, obviamente, y en cuesta abajo. De ahí la tipicidad. Cuesta abajo porque llegábamos al arroyo, con una pequeña calzada y un cauce de agua de no mas de tres metros. Desde ahí y subiendo por el camino sobre la costa contraria, existían, como suele haber en Entre Ríos, una serie de barrancas que formaban una seguidilla de tres balcones o descansos desde el arroyo al mundo o desde el mundo en cuesta abajo al arroyo. El primero de los descansos no debería tener más de unos tres metros y era muy breve en distancia, el segundo era el problema. El segundo descanso, que para incrementar el desafío estaba como coronado por un tapial de piedra, cosa atípica en Entre Ríos, era uno de los más largos, o al menos así me pareció. Caminando me dio la sensación de que tendría unos veinte metros. En este lugar había algunos sectores con arena y otros con ese pasto verde y cortito, con olor a siesta entrerriana que tienen los campos de allá. Estaba Ivana, eso también lo recuerdo bien, me llamo pero yo le dije que iba mas tarde y se lo dije con la certeza de quien sabe que irá mas tarde. Aunque se que eso fuera imposible. Había más gente en el lugar.
En la calzada, parados, dos policías custodiaban el paso. Nosotros habíamos dejado allí una conservadora y un termo de cuatro litros con jugo y algo mas que no puedo traer a la mente. No se si Gonzalo recordará. El primer inconveniente era pasar el arroyo y sin que nos alcancen los policías. No se como fue que no nos dijeron nada con el tema del avión. Aeroplano. Uno de los policías tenía bigotes y una onda de policía yanqui de la Florida impresionante. Es mas, me hacía recordar a un policía de alguna película bizarra que vi por ahí. El otro policía no tengo la menor idea. Estábamos bastante preocupados y no era fácil mirar llevando un aeroplano al hombro.
El aeroplano estaba bastante ajado, parecía como si de nuevo podría haber sido de un color rojo o tal vez azul porque tenía una especie de emparchado de los dos colores. La cuestión es que con Gonzalo estábamos ahí, pasando delante de los policías con el aeroplano al hombro, subiendo la cuesta mientras nos llamaban para que nos tiremos en la arena y nosotros dos dale que dale.
Cruzamos todos los obstáculos, llegamos hasta la barranca superior y esperamos en una especie de azotea que había allí de la cual nos lanzaríamos con el aeroplano por encima de las otras dos barrancas, por encima del arroyo y llegaríamos triunfantes al otro lado. No sabíamos como lo íbamos a hacer. Una vez arriba nos dimos cuenta que colgaba un pasacalles de esta terraza mediante dos sogas hechas de nylon. Gonzalo me miró, estábamos en apuros, todo el mundo se había dado cuenta de lo que haríamos, todavía debíamos tomar la distancia necesaria para correr, montarnos en el aeroplano y lanzarnos al aire. La soga nos serviría para propulsarnos. No sabíamos si ese mamotreto se sostendría en el aire lo suficiente como para pasar la segunda barranca, debajo había gente y los policías en el arroyo fácilmente podían alcanzarnos con sus 9mm. No quedaba tiempo. Empezamos a cortar las sogas, mientras yo miraba el avión… y ahí la verdad… no se si vos Gonzalo recordarás, porque yo justo me desperté. El radio reloj sonó, el locutor de radio Mitre transmitió alguna noticia que no duró mas de cinco segundos, que fue lo que me tomó en apagar el maldito radio reloj.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
1 comentario:
Mirá, después de que saltamos no me acuerdo de más nada.
Igual, ahora que lo veo desde lejos yo me Río de Janeiro, pero estuvo bravo!!!
Gonza
Publicar un comentario